CONOCIENDO LA HISTORIA DE LOS LIMITES FRONTERIZOS DEL PARAGUAY
La frontera es el límite del territorio de un país, la línea determinante donde comienza y acaba su potestad soberana, jurídica y política. Las fronteras nacionales son las líneas que se trazan en los confines del territorio y lo separan del los países vecinos, delimitando así el espacio geográfico en el que se puede ejercer el poder soberano. Cada Estado tiene la autoridad de exigir a las demás naciones que no vulneren su espacio territorial, que siempre demarcado por fronteras nacionales pactadas e instrumentadas a través de tratados internacionales, es decir, de exigir que los demás países se abstengan de actuar y penetrar en el mismo, con apego al Derecho Internacional que rige la materia.
El territorio de un Estado Nacional es un escenario bien complejo. Es el resultado de un conjunto de interacciones físicas, sociales, culturales, y económicas donde la población tiene incidencia activa en la misma, en el conocimiento, la regulación jurídica y la gestión de este escenario. Presenta un desafío constante en la implementación de las políticas públicas y el actuar del Estado sobre dicha cuestión. Las fronteras nacionales, al contrario de lo que muchas veces la gente piensa, no se demarcan únicamente cuando hay espacio territorial de por medio, pues existen diferentes tipos de fronteras: aéreas, territoriales, fluviales, marítimas y lacustres. Esto significa que, en muchos casos, la frontera de un país con otro limítrofe, no se encuentra definida solamente donde hay territorio físico, sino que en algunos casos esa división se efectúa utilizando ríos, mares, etc. En nuestro país los ríos Paraná y Paraguay son ejemplo de fronteras naturales.
Es indudable la trascendencia e importancia que ha tenido la teoría del “Uti Possidetis” en la historia de nuestro país, en la defensa de la soberanía nacional ante sus vecinos limítrofes y los organismos internacionales, para hacer valer los derechos del Paraguay sobre los territorios en disputa, durante su historia de país independiente a partir de 1811. La expresión llegó al derecho internacional procedente del derecho romano. Ese aforismo jurídico se aplicaba a un interdicto de retener, cuyo trámite se seguía ante el Pretor, que corrientemente resume en la sentencia “Uti Possidetis, Ita possideatis”: como posees, puedes seguir poseyendo. Debemos reseñar que, durante el proceso de la independencia de las colonias hispanoamericanas del dominio del Reino de España, en cada nueva república emancipada los líderes se esforzaron en redactar y constituir una carta política o ley fundamental, constituyendo su territorio soberano sobre la existente durante la colonización española. El problema surgió por la superposición de jurisdicciones típico de la anarquía de los gobiernos coloniales, que posteriormente originó disputas entre los Estados independientes emergentes. Esta fue la causa por la cual el Paraguay tuvo que dirimir los límites territoriales en dos guerras con los países vecinos.
Hace muchos años un profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Asunción me señalaba... “Los países poderosos sostienen el criterio del derecho de la fuerza en las relaciones internacionales, o sea, una visión realista de la misma, sin embargo, los países pequeños y débiles como el nuestro, sostienen el ideario de la fuerza del Derecho como fuente rectora de su diplomacia, o sea, una visión idealista.” La reafirmación del derecho internacional ha sido una pieza fundamental en la formulación y el ejercicio de la política exterior de nuestro país, dado el carácter de nación pequeña en magnitud geográfica y recursos económicos, nuestra mejor arma siempre será la fundamentación jurídica, la cual nos ha llevado a la defensa de nuestras fronteras geográficas tras las contiendas bélicas. Es indudable la incidencia de la fijación de los límites con nuestros vecinos por medio de las dos guerras internacionales, en las cuales nuestro país tuvo participación directa, la guerra de la triple alianza y la guerra del chaco, que posteriormente trajeron como consecuencia los tratados de paz y los de límites con Argentina, Brasil y Bolivia.
Quisiera culminar estas breves palabras recordando al Mariscal José Félix Estigarribia, quien en breve síntesis hacia un esbozo del pueblo paraguayo al señalar:
“Al Paraguay le ha tocado el destino paradójico de ser un pueblo esencialmente manso y pacífico, y de haber tenido que volcar, sin embargo, los más extraordinarios tesoros de coraje, abnegación y sagacidad militar en las dos guerras más sangrientas del hemisferio septentrional. No os extrañéis, pues, de que el paraguayo que tuvo el honor de estar en la cabeza del Ejército de su patria en la última de esas dos contiendas os hable de la paz, como el ideal más alto al que debemos todos aspirar. Pero debemos aspirar a la paz intrínseca, a esa que se nutre de nuestros deseos más íntimos, no a la paz transaccional y quebradiza de las fórmulas sin vida. Y hemos de convenir en que esa paz no parece estar de moda en los difíciles días de nuestro mundo de hoy.”
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